10º Día.- Rabat – Asilah (205 km.)

De nuevo la autopista para llegar hasta una de las localidades con mayor encanto de la costa atlántica de Marruecos: Assilah. Pequeña población de origen portugués que guarda el sabor de la esencia árabe.

Ocuparemos el día en recorrer a pie sus callejuelas para comer en cualquier terracita, pasar por la barbería, exactamente como las de los años 60 en España y visitar el puerto pesquero. Con suerte y faltando poco para el regreso, podremos comprar algunos mariscos a precios de no creérselo.

Cena en un conocido restaurante local (incluida) con alguna sorpresa para los viajeros participantes y a descansar (los menos), los más no podrán resistirse a ver el mar por la noche desde la muralla.

Pasaremos la noche en un parking vigilado, céntrico y habilitado como área de autocaravana con servicios.

DIARIO DE VIAJE: 4-4-10

Nos aprovechamos de la gran ventaja que supuso ayer hacer el trayecto hasta Assilah y, al levantarnos, ya estábamos aquí. El parking de autocaravanas lo han desplazado hacia el norte. Antes estaba en todo el centro, pero ahora hay que caminar unos 10 minutos para llegar a la medina. Eso sí, por un paseo marítimo con su atractivo.

El día ha sido de total relax: Paseos por la medina, compras, enredos, té, etc.

Dentro de la medina hay muchas tiendas en las que comprar y los precios son casi mejores que los de Marrakech. No obstante, no parece que nos pongamos de acuerdo en esto último.

Como algunos han comprado esas lámparas para poner en el suelo, cuadradas y con una especie de cúpula en la parte alta, al final han tenido que contratar a unos marroquíes que trabajan con carros de mano y les han llevado todos los bultos pesados hasta las autocaravanas. Eso sí, les ha constado 1 €.

Por la tarde hemos hecho una visita al puerto pesquero. Estaban trayendo el pescado en ese momento. Más fresco no puede ser. Eso sí, las condiciones en las que los venden no son como las españolas, me refiero en cuanto a la manipulación. Había centollos a montones, de todos los tamaños, pero como era media tarde, el precio no estaba muy allá: 5 € el kilo. Pensamos en comprarlos al atardecer, cuando se los lleven hacia el centro.

Una vez más, ver la puesta de sol desde la muralla es un espectáculo para recordar. Por muchas veces que lo hayamos visto, siempre sorprende algo nuevo. En esta ocasión unos colores de un lila muy intenso después de que el sol había desaparecido. Espectacular.

La cena en el restaurante Plaza, realmente entrañable. Diríamos más cosas, pero es preferible vivirlo. Fuera de este entorno, es difícil hacerse a la idea de lo bien que se puede sentir alguien en estos momentos.

Todo tiene su fin. Mañana salimos muy temprano para tratar de embarcar a las 11:15. Ya veremos que tal la frontera.