Sólo 185 kilómetros nos separan de la ciudad imperial, capital del antiguo reino berebere. De ellos, unos 50 km. son atravesando el Gran Atlas, por lo que hay que tomárselo con calma. De hecho, emplearemos casi toda la mañana en ello. A pesar de ser una carretera estrecha y muy tortuosa, la experiencia de haberla atravesado muchas veces en autocaravana, nos dice que no vamos a tener ningún problema y el cruce con autobuses y camiones se realiza con toda seguridad.
Eso sí, tendremos que parar a discreción en los pequeños apartaderos que nos ofrece el trazado para comprar geodas, fósiles y toda clase de artículos que venden en pequeños puestos o medianas tiendas.
Llegaremos al camping Le Firdaous de Marrakech donde pasaremos las dos siguientes noches.
Por la tarde, un transporte nos llevará hasta el centro de la ciudad (incluido) y tendremos toda la tarde para sumergirnos en el impresionante zoco y saborear por la noche el ambiente de la plaza Djmaa El Fna, cuyo ambiente (no sus edificios), está declarado por la UNESCO como Patrimonio de la Humanidad inmaterial. La vista de los saltimbanquis, los encantadores de serpientes, los sacamuelas, los cuenta cuentos y los tatuajes de gena, harán que nos tengan que llevar a rastras al camping.
DIARIO DE VIAJE: 1-4-10
Desde el camping de Ouarzazate nos hemos dirigido a primera hora a la kasbah de Ait Ben Haddou, a la que hemos podido llegar con alguna dificultad después de tener que descalzarnos y atravesar el río.
Nuestro amigo Abdel nos ha ofrecido el té en su tienda mientras otros hacían algunas compras. Una vez más, nos ha retado a uno de sus desafíos mentales ¿Cuántas curvas habrá entre Ouarzazate y la kasbah de Ait Ben Haddou?
Seguimos camino cruzando el Gran Atlas y parando allí donde cada uno estimó oportuno para comprar geodas, fósiles, minerales e incluso tajines.
Una vez superado el punto de encuentro, llegamos al camping de Marrakech donde comimos y al que nos vino a buscar el transporte para llevarnos a la Plaza de Djma El Fna, atravesando un tráfico caótico donde se mezclan coches, bicicletas, ciclomotores, peatones e incluso algunos temerarios patinadores.
A medida que te acercas a la plaza, el ambiente te envuelve: olores a especias, tambores y el bullicio de miles de personas que viven este ambiente único. Todo es posible en esta plaza.
Pero esto sólo ha sido un aperitivo. Nos vamos a la cama, que mañana vendrán a recogernos a las 10 para guiarnos en una extensa visita por los monumentos más emblemáticos de Marrakech.


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